¡Buenos días, familias! Aquí estamos, ya contando los días para volver a veros y, aunque una parte de nosotros está deseando poder estar con vosotros y compartir todos estos momentos aquí vividos; hay otra parte a la que le gustaría alargar la estancia un poco más para seguir disfrutando de la experiencia de Nueva York a fondo.

Hoy ha sido un día muy cargadito y es que no queremos perdernos nada de lo que la gran ciudad tiene para ofrecernos, así que estamos apurando cada minuto prácticamente para exprimirlo al máximo.

Hemos tenido nuestras clases habituales, ya casi despidiéndonos de los compañeros y los profesores, pues mañana será nuestra última clase y ¡Qué penita da pensarlo! Aunque el hecho de que se nos esté pasando tan rápido es, sin duda, una buena señal.

Después de comer nos hemos puesto bien guapos porque la tarde tenía mucho que dar de sí y teníamos que estar bien arreglados para la ocasión.

IMG_20180719_170415_HDR

Primero nos hemos ido hasta la isla Roosevelt, situada entre Manhattan y Queens, un lugar al que accedimos mediante un teleférico que nos puso a prueba a los que sufrimos algo de vértigo, pero que bien merecía la pena por las vistas tan increíbles que nos ofrece.

IMG_20180719_194811_HDR IMG_20180719_194831_HDR IMG_20180719_194921_HDR IMG_20180719_154428_HDR IMG_20180719_155039_HDR

Una vez allí pudimos dar un paseo por la isla antes de volver de nuevo a Manhattan para volver a recrearnos las vistas desde las alturas, no sólo por el viaje de vuelta en el teleférico, sino porque accedimos al Top of the Rock que es un observatorio en lo alto del edificio Rockefeller Centre que, si no lo reconocéis por el nombre, seguro que lo recordáis porque es donde ponen el árbol de Navidad en diciembre, justo en frente de una pista de hielo muy famosa en las películas y series. En verano esa pista de hielo es una cafetería al aire libre para poder disfrutar de las vistas urbanas con un refresco.

Estuvimos un rato viendo esta gran urbe mientras atardecía. Todo un espectáculo visual para llevarnos en nuestras retinas e intentar compartir con vosotros a través de algunas de la multitud de fotos que tomamos allí arriba.

Una vez abajo no os creáis que acabó todo allí, pues todavía nos esperaba una maravillosa sorpresa: La limusina. Nos recogió en pleno centro de la gran manzana y nos dio un paseo de dos horas viendo cómo anochecía y dejándonos maravillar por las luces alrededor que nos tenían hipnotizados, mientras experimentábamos la sublime experiencia de estar en la limusina como si fuéramos auténtica celebridades. Sin duda, un día para el recuerdo.

Después de ver la ciudad de noche, la limusina nos dejó en el campus y aquí, rendidos del cansancio por tantos momentos emocionantes que habían tenido lugar este día, nos fuimos a las habitaciones a descansar. Aún nos quedan algunos días más antes de volver a España y os seguiremos contando qué tal van. ¡Un saludo, familias!