Bueno, después de una despedida amarga con nuestros amigos checos en la estación de tren, en la que nuestro amigo Jakub nos despedía con un “Te quiero” tan mono que aprendió, nos disponemos a tomar el nuestro hacia Hampton Court.

Después de un largo trayecto en dos trenes, algunas dormidas, otras tristes por las despedidas, y otras ya con ganas de llegar. ¡Qué largo se nos hace el tren!

Y llegamos a Hampton Court!!!! Un pueblecito pequeño junto al río Támesis. Muy bonito. Pero hemos pasado el día en el palacete. Y nos faltaba tiempo para recorrerlo entero. ¡Qué pasada de sitio! Ya que hemos estudiado a Enrique VIII por las mañanas, nos sonaban muchas de las personas que habían estado allí. Hemos recorrido algunas partes del palacete, ya que era enorme para todo. Miles de habitaciones. Pero como siempre, cuando encontramos los jardines, nos sentamos a tomar el bocadillo y a tomar el sol. Así nos pueden pasar las horas. Hasta que se nos ha pasado el tiempo y hemos tenido que abandonar nuestro huequito que hemos dejado en el césped. Bonito jardín.

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Después hemos ido directas al laberinto. ¡Qué locura! El objetivo era encontrar el centro y volver por la misma entrada. Ya nos ha costado encontrar “el centro”, nosotras imaginándonos algo espectacular con una fuente o algo. Pero era un cartelito que decía que lo habíamos encontrado. Menudo bajón… Así que en vez de volver por el camino largo, hemos salido por la salida rápida. ¡¡¡¡Pero hemos salido!!!!!! Eso es lo importante. Y acto seguido, TIEMPO LIBRE. Pero qué bajón otra vez… nada de centros comerciales… Así que hemos comprado comida (pizza estupenda) y con el estómago lleno ya estábamos contentas. Hemos estado sentadas (más rato aún) y haciendo fotos por el pueblecito. Un día tranquilo y a lo Harry Potter total. ¡Qué preciosidad!

¡Y de vuelta a casa, a descansar para mañana estar a tope en nuestro día libre!

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