4 julio independencia estados unidos

Estados Unidos celebra este 4 de julio los 240 años de su independencia. Es una fiesta que se hace, como es costumbre en EEUU, a lo grande. Absolutamente todas las ciudades del país organizan desfiles, actos memoriales y fuegos artificiales. Este año nuestros estudiantes que están realizando un curso de inglés en Estados Unidos, van a poder disfrutar de la festividad en todo su esplendor. Vamos a centrarnos en la Historia primero para conocer cómo empezó todo:

 

¿Por qué se celebra el 4 de julio en EEUU?

Para hallar el origen de esta celebración, nos tenemos que subir al DeLorean y viajar en el tiempo hasta a la primavera del año 1775. En las colonias inglesas de Norteamérica había reinado durante más de una década un clima agitado en contra de las políticas del Reino de Gran Bretaña y se empezaban ya a librar las primeras batallas de la Guerra de la Independencia que duró hasta 1783.

En dicha primavera, los representantes de las 13 colonias estadounidenses debatieron en el primer Congreso Continental celebrado en Filadelfia acabar con su relación con Gran Bretaña. Por unanimidad se declaró la independencia el día 2 de julio de 1776.

Aunque la independencia se decidió el día 2, no fue hasta dos días más tarde cuando se aprobó y se firmó la Declaración de la Independencia, fechada el día 4 de julio de 1776. El representante de Massachusetts, John Adams, dijo que la fecha “debía hacerse solemne con pompa y desfiles, con demostraciones, juegos, deportes, fusiles, campanas, fogatas e iluminaciones de uno a otro confín de este continente de ahora en adelante y para siempre jamás”. Es por eso que, aunque el nuevo país se vio inmerso en años de guerra hasta que se puso fin con la firma del Tratado de París en 1783,  rápidamente se popularizaron durante el 4 de julio los desfiles, conciertos, comidas y fuegos artificiales con motivo de la celebración hasta la fecha de hoy.

 

Costumbres y curiosidades del 4 de julio

Dentro de la cantidad de actividades que se celebran en todos los Estados, el 4 de julio se podría resumir en 3 palabras: fuegos artificiales, comida y desfiles. Todo ello aglutinado bajo un elemento común: los símbolos del patriotismo estadounidense.

Si bien símbolos como la bandera son omnipresentes durante todo el año vayas por donde vayas, el 4 de julio la presencia de las barras y las estrellas es algo fuera de lo normal. Todo el mundo saca sus banderas a las calles y la premisa parece clara: cuantas más lleves, mejor. La gente se viste de arriba a abajo con los colores rojo-azul-blanco y, por si fuera poco, incorporan miles de complementos a sus estrambóticos outfits: sombreros, gafas, collares, peinetas, pulseras, pintura facial… Cualquier cosa es buena siempre que incorporen los colores de la Old Glory.

Pero la bandera no solo está presente en los desfiles, si no también en otra parte muy importante de la celebración: las comidas. Lo más típico es hacer una buena barbacoa y comer carne a la parrilla, ensaladas de patata, mazorcas de maíz, sandía… Todo ello servido, por supuesto, en una mesa con mantel, servilletas y platos con los colores norteamericanos.

Durante el 4 de julio no pueden faltar los desfiles. El más famoso se celebra a las 12 de la mañana en la capital, Washington D.C.. Bandas musicales, carrozar y el ejército son los protagonistas del desfile que recorre varias de las calles principales de la ciudad para acabar en la Constitution Avenue. También se suceden a lo largo del país numerosos eventos deportivos como partidos de béisbol, carreras de coches o rodeos americanos, además de conciertos musicales.

Además, también se celebran durante esta fecha infinidad de concursos, a cada cual más raro que el anterior. Pero sin duda, el más célebre de todos es el Nathan’s Hot Dog Eating Contest, que se celebra en Coney Island, al sur de Brooklyn. Este concurso premia al humano capaz de comerse más perritos calientes en 10 minutos. Estoy seguro de que lo habréis visto alguna vez por la tele con una mezcla de estupor y admiración por estos engulle-salchichas. Si no lo habéis visto, no os perdáis el del año 2014 en el que el gran Joey Chestnut gana por 8ª vez el título llegando a comerse 61 perritos. Joey es la definición gráfica de tragaldabas.

 

Y, por último, llega la guinda del pastel: los fuegos artificiales. Puedes verlos en cualquier ciudad de Norteamérica y existen distintas formas de disfrutarlos. Por ejemplo, en la ciudad de Nueva York se puede disfrutar del espectáculo pirotécnico desde pequeños cruceros en el agua o desde lo alto del Empire State. Los fuegos que tienen lugar en la explanada del Capitolio o los del Monte Rushmore son de los espectáculos más famosos.

 

Vivir el 4 de julio desde la distancia

El resto de personas que no podemos estar disfrutando del 4 de julio en Estados Unidos como lo hacen nuestros estudiantes, debemos conformarnos con el visionado de alguna película que trate la temática. Los títulos que os recomendamos son:

 

Independence Day (1996)

La cinta de Roland Emmerich supone un chute de patriotismo norteamericano en vena en cada plano. Increíble ver a Will Smith salvando al mundo. Te hará levantarte del sofá al grito de “IU-ES-EY”.

El Patriota (2000)

Seguimos con otra de Emmerich. Cuatro años más tarde, incrementó la dosis patriótica con esta película en la que Mel Gibson lidera la revolución estadounidense contra los casacas rojas británicos en la Guerra de la Independencia.

Nacido el cuatro de julio (1989)

Entre tanto patriotismo exacerbado, el director Oliver Stone pone el freno contando la vida del veterano Ron Kovic —interpretado por Tom Cruise— en la Guerra de Vietnam y sus convicciones antibelicistas en contra de la política de su país. ¡No todo va a ser God bless America!