¡Hola a todos/as!

Nuestra aventura ha comenzado hoy con el viaje de ida a Dublín y la llegada a Wicklow. La mayoría de nosotros casi no habíamos dormido, pero la emoción de conocer a gente nueva, de reencontrarse con viejos amigos/as y de conocer un nuevo país nos ha ayudado a mantenernos despiertos y quizás también un poco en tensión.

A medida que pasaban las horas y que se iba acercando el momento de llegar a Irlanda, los nervios iban asomando. ¿Entenderé lo que me dicen? ¿Llegará mi maleta? ¿Cómo será mi familia? Estas eran sólo algunas de las cuestiones que iban surgiendo.

Todos en el aeropuerto

Ya con las maletas en nuestro poder, no podía faltar la foto de grupo. Estábamos cansados, pero la sonrisa no nos la podía quitar nadie. El trayecto en bus se hizo eterno, pues sabíamos que a la llegada al destino nuestras familias estarían esperando por nosotros. ¡Con tanta emoción casi se nos olvidan las maletas! Menos mal que estaba el conductor para recordarnos que el equipaje también era importante.

Una vez instalados y tras haber respuesto energía, algunos de nosotros decidimos dar un paseo por el pueblo para irnos familiarizando con él. El buen tiempo, toda una rareza en Irlanda, nos ha permitido recorrer las calles del centro acompañados de un sol espléndido y hasta nos decantamos por acercarnos hasta la playa, aunque esta sólo fuera un conjunto de piedras en el puerto.

Conociendo Wicklow

Naturaleza-en-estado-puro

 

Cómo podemos comprobar en la imagen, el viento nos ha hecho compañía durante todo el día, incluido durante el vuelo. No obstante, hoy ha sido un día para recordar en todos los sentidos: grandes emociones, nuevos amigos/as, un país y un idioma diferentes, y hasta una familia nueva.

Esperemos que nuestra aventura por estas tierras celtas famosas por sus duendes y hadas continúe dejándonos tan buen sabor de boca como hasta ahora.

¡Hasta la próxima!